Sin noción del tiempo

Hoy fue uno de esos días en los que las horas parecen pasar muy lentamente. De esos días en los que despiertas y lo primero que piensas es: ¿qué es lo que tenía que hacer? Y comienzas el día en modo zombie.

Sinceramente tenía ganas de quedarme en cama por más horas, pero las risitas de mis hijos, el olor a licuado de plátano y el recordar que es lunes de escuela, me hicieron ponerme en pie. Y mientras ponía en orden mi hogar, despedía a los niños para que mi amado esposo los llevara a la escuela pensaba en lo que tenía pendiente por hacer y me preparaba para salir de casa, estaba tratando de controlar mis emociones.

Me decía a mí misma: No te enojes por esto, es mínimo. Let it be, let it go, let it flow… y es que cuando las cosas salen de mí control comienzo a frustrarme y a enojarme. Y conforme pasaban las horas me sentía incómoda, impaciente, como que no estaba en sintonía y nada me complacía.

3:30 p.m.

Tenemos una rutina bien establecida a la hora de comer, esperamos a que todos estén en casa para comer juntos; pero hoy mi hijo mayor demoró mucho en llegar. Perdí la noción del tiempo, era como si los minutos pasaran demasiado lento y a la vez demasiado rápido, ¿dónde podría estar si su escuela está a 500 mts de nuestro hogar? Nuestro país es peligroso para las mujeres y los niños, y en nuestra ciudad es alarmante la cantidad de niños y jovencitos que se roban.

Mi corazón latía rápidamente y trataba de estar en calma por mis niños pequeños. Mi esposo salió a buscarlo y a preguntar con sus compañeros que son nuestros vecinos también. Nadie lo había visto. No podía hacer nada más que orar y esperar. Lloré mientras pedía a Dios tener noticias de él sin esperar lo peor, sino solo confiar en su providencia y protección para sus hijos. Después de un rato, llegó a casa, sano y salvo. Había acompañado a un amigo a su casa y perdió la noción del tiempo también.

Todas esas emociones que sentía por la mañana eran una manifestación de mi corazón egoísta que piensa en su propio bienestar. Cuando me olvidé de mí y me centré en aquél que es digno de toda la gloria y alabanza, comenzó a cambiar todo. Y no lo digo porque mi hijo llegó con bien a casa, sino porque Dios sigue siendo Dios. Él sigue estando en Su trono, sigue teniendo el control absoluto de todas las cosas, Él sigue estando presente en todo momento, en todo lugar, todo se trata siempre de Él. Hacemos y somos lo que somos por Él.

A veces olvidamos que este mundo no se trata de nosotras, que nuestra vida no se trata de vivirla para nosotras mismas y que lo que hacemos tampoco es para nuestro beneficio personal sino para glorificar al Dios que nos llamó, que nos eligió y nos creó para gloria suya (Isaías 43:7). Pueden pasar las horas y pensar que todo lo tenemos bajo control y cuando no sale como esperábamos, olvidamos que Dios soberanamente sigue orquestando todo para cumplir sus propósitos eternos, nosotras solo somos su instrumento para cumplirlos y somos vasijas en sus manos para ser moldeadas. Él es Dios, no nosotras. El control está en Él, no en nuestras manos.

Recordar las verdades del evangelio, nos da esperanza, paz y seguridad.

Arrepentirnos de nuestro orgullo y autosuficiencia no es sencillo, pero es liberador y es necesario que lo hagamos.

El recordar que sin Dios nada podemos hacer, nos trae esperanza.

Recordar que Cristo está con nosotros todos los días hasta el fin del mundo, nos da seguridad.

Ordenar nuestros pensamientos de acuerdo con Filipenses 4:8 que nos dice: “todo lo que es verdadero, todo lo digno, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo honorable, si hay alguna virtud o algo que merece elogio, en esto meditad”, nos debe hacer elegir bien nuestros pensamientos para dejar de centrarlos en nosotras mismas y convertir nuestras quejas en gratitud, en motivos de alabanza a Dios.

La lucha es diaria, continua, y así será mientras estemos en este lado de la gloria, pero no olvidemos que todo lo que acontece en nuestra vida está ayudando a nuestra santificación, a parecernos más a Jesús cada día. Perseveremos hasta el fin, sin desmayar.

Días soleados, días con lluvia, todos ellos manifiestan la gloria de nuestro amoroso y justo Dios.

No a nosotros, Señor, no a nosotros,
sino a tu nombre da gloria,
por tu misericordia, por tu fidelidad.

Salmos 115:1

En Su Gracia

Foto de Seth Macey en Unsplash.

4 Comments

  1. Amén! Creo que todas en un momento de nuestra vida hemos experimentado esta sensación tan dura,lo hermoso es saber que El lo tiene todo en control♥️

    debastadora

    1. amén! Dios sigue siendo Dios. gracias por tu comentario Ninnette, es bello saber que no somos las únicas quienes tenemos días malos y que dependen 100% de la gracia de Dios, te mando un abrazo!

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