Seducido por el pecado


Hablemos de Sansón (Jue. 16:1-3). Sansón fue un hombre apartado para Dios, hombre fuerte, juez, libertador de su pueblo. Su debilidad, las mujeres, y en especial las que no eran de su pueblo. Había un lugar llamado “Gaza”, donde Sansón no tenía que estar, sin embargo, él acudió allí y estuvo con una mujer ramera.

¿Sabes? Como mujeres o como humanos, tenemos el conocimiento del bien y del mal, sabemos lo que nos conviene y lo que no, dónde podemos estar y dónde no. De la misma forma que Sansón, nosotras siendo pecadoras redimidas que continuamente estamos siendo santificadas, podemos elegir si quedarnos o irnos, Sansón decidió quedarse y llegarse a esa mujer.

¿En qué lugar estás hoy que tal vez sabes que no es correcto, pero ahí sigues? ¿Un adulterio tal vez? ¿Rodeada de chisme? ¿Malas compañías? ¿Qué escuchas y qué ves? ¿Qué tan radical eres?

Sansón se enamoró de una mujer que en realidad no lo amaba, Dalila. Ella fue instrumento de un plan maléfico en contra de Sansón.

“Después de esto aconteció que se enamoró de una mujer en el valle de Sorec, la cual se llamaba Dalila. Y vinieron a ella los príncipes de los filisteos, y le dijeron: Engáñale e infórmate en qué consiste su gran fuerza, y cómo lo podríamos vencer, para que lo atemos y lo dominemos; y cada uno de nosotros te dará mil cien siclos de plata. Y Dalila dijo a Sansón: Yo te ruego que me declares en qué consiste tu gran fuerza, y cómo podrás ser atado para ser dominado”.

Jue. 16:4-6 (énfasis mío).

En otra versión dice “Seduce a Sansón”y ¿sabes qué? El pecado es seductor. No he conocido a una sola persona quien me diga que pecar es desagradable; de hecho, el pecado te hace sentir bien al momento porque promete satisfacer aquello que creemos necesitar y no pensamos en las consecuencias.

El pecado es seductor.

Es peligroso coquetear con el pecado. Si sabemos que es pecado y que nos hará daño en algún momento de la vida ¿por qué nos permitimos ciertas cosas? Y eso me hace recordar Tito 1:15 que dice: “Todas las cosas son puras para los puros, mas para los corrompidos e incrédulos nada les es puro; pues hasta su mente y su conciencia están corrompidas”.

Creo que llega un momento en el que lo santo se vuelve tan común porque nos hemos permitido separarnos de Dios, quizá nuestras disciplinas espirituales no están al cien, que, perdemos de vista lo que Dios nos manda a hacer y nos permitimos ciertas cosas que, a la larga, dañarán nuestra relación con Dios. Se corrompe la conciencia y dejamos de mirar la santidad de Dios.

Sansón juguetea con Dalila, ella le pregunta 3 veces cómo es que él perdería su fuerza y sería como un hombre cualquiera (Jue.16:6-15). Lo leo y me pregunto ¿Cómo es que no se percató de lo que vendría? 3 veces intentó esa mujer quitarle su fuerza y hacerlo vulnerable y él siguió confiando y hasta jugueteando con ella. Perdió de vista a Dios de quien venía todo lo que él era, creo que confió demasiado en sí mismo, tanto que olvidó a quien había sido consagrado y lo que tenía que guardar.

Sinceramente, cuando estamos en pecado sucede más o menos lo mismo. Perdemos de vista la santidad de Dios, su poder y soberanía en nuestra vida y empezamos a confiar en lo que hacemos. Es muy probable que confiemos en que si pecamos un poquito sabremos cuando detenernos, solemos pensar que si nos permitimos ciertas cosas que tal vez parezcan inofensivas, al finalizar el día no pasará nada. Nos olvidamos de la santidad de Dios, olvidamos que su gracia es algo tan valioso que no debemos menospreciar, al permitirnos uno que otro gustito que, sabemos no glorifica a Dios.

Dalila presionó tanto a Sansón que él abrió por completo su corazón a ella, le confesó cómo podía ser vulnerable.

“Y aconteció que, presionándole ella cada día con sus palabras e importunándole, su alma fue reducida a mortal angustia. Le descubrió, pues, todo su corazón, y le dijo: Nunca a mi cabeza llegó navaja; porque soy nazareo de Dios desde el vientre de mi madre. Si fuere rapado, mi fuerza se apartará de mí, y me debilitaré y seré como todos los hombres”.

Jue. 16:16-17

¿Te suena familiar? Llega un momento en el que es demasiado el pecado que hemos permitido que nos oprime, nos ataca, nos hace sentir culpables y al estar cegadas podemos abrir nuestro corazón con las personas equivocadas. Acudimos con personas que pensamos podemos confiar, y con el paso del tiempo nos traicionan y usan en nuestra contra todo aquello que les confiamos alguna vez. Por ello es que necesitamos hermanas maduras en la fe que caminen junto a nosotras, que nos hagan ver lo que para nosotras no es evidente y oren por nosotras. Y que nosotras seamos humildes para poder recibir el consejo con un corazón enseñable.

Es necesario preguntarnos ¿Con quién estamos hablando? ¿Es edificante esa relación? ¿Qué tanto nos acerca a la presencia de Dios?

Sansón fue traicionado por la persona que amaba, fue entregado para ser esclavo de todos aquellos que se burlaban de él, le sacaron los ojos. Con el paso del tiempo clama a Dios para poder recuperar su fuerza y derriba una casa donde estaban los filisteos que lo esclavizaron y muere sin descendencia (Jue. 16:20-31).

Cuando olvidamos que Dios nos compró con precio de la Sangre de su Hijo amado, el pecado puede dominarnos y perderemos de vista que estamos mal sin. Como Sansón, nos encontramos dando vueltas sin llegar a ningún lado y sin percatarnos de la realidad. No olvidemos por quien hemos sido llamadas, que no se nos olvide nunca quién pagó por nuestra vida y nos sustenta hasta hoy.

Hemos sido liberadas por Jesús, no permitamos que el pecado nos esclavice nuevamente y haga escarnio de nuestra vida; no esperemos hasta haber perdido todo para comenzar a clamar a Dios por una última oportunidad. Antes de permitirnos caer en la tentación “visualicemos” las consecuencias que nos traerá y confesemos nuestros pecados porque Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad (1Juan 1:9).

Recordemos todos y cada uno de los días que vivamos en esta tierra, la obra de nuestro Señor Jesucristo, recordemos el evangelio a nuestra alma, que el pecado ya no reina en nosotras gracias a Cristo y que el Espíritu Santo que ahora mora en nosotras nos hará saber cuando estemos desvíandonos del camino para volver a Él cuanto antes.

Por más seductor que parezca el pecado no le demos nuestra atención. Nos promete todo, pero al final encontraremos calamidad y dolor.

“Oremos para prevenir, no sólo para solucionar”

En Su Gracia


Foto de Nicolas Ukrman en Unsplash.