¡Adiós preocupaciones!


Desperdiciamos horas de nuestra vida preocupándonos por cosas que no podemos solucionar. Podemos perder la capacidad de disfrutar los tiempos por estar centradas en lo que pudo ser y no es, en lo que debía ser y no fue hecho y eso es una pérdida de tiempo.

Estamos acostumbradas a hacer las cosas por nuestra cuenta, desde pequeñas se nos enseña a ser independientes, nos dan esa libertad para experimentar y vivir por nuestra cuenta para salir de los problemas por la capacidad que tenemos para lograrlo.

Ahora en los colegios, a los niños se les da el rol de maestros para que ellos solos investiguen, desarrollen y expongan un tema. Educación autodidacta. Y eso es bueno, descubrimos lo maravilloso que Dios ha hecho al hombre y hasta dónde puede llegar si decide luchar por algo; sin embargo, no en todo es recomendable esa independencia o autonomía.

Podemos caer en el error de querer solucionar todo en nuestras fuerzas, por nuestros propios medios porque así nos han enseñado. Y tú y yo pertenecemos a un Dios todopoderoso, dependemos de Él.

“Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto, porque separados de mí nada podéis hacer”.

(Jn. 15:5)

No olvidemos que tenemos un Dios que lleva nuestras cargas, pero si no sabemos dejarlas en Él, fácilmente nos sobrecargaremos y estaremos afanadas, agobiadas y hasta estresadas.

Lo mejor que podemos hacer es entregar nuestras cargas a Él. ¿Cómo podemos lograrlo? Es fácil decir “Entrega todo a Dios y descansa”. Si, pero, ¿cómo lo hacemos? ¿Cómo puedo descansar en Él?

Confiando (Sal. 55:22)

Con fe (Heb. 11:1)

Sabiendo que la Palabra de Dios Perfecta. (Sal. 19)

Confiando en su cuidado. (Éx. 33:14, Mt. 6:25,34)

Confiando

Él es nuestra prioridad, nuestro principal ayudador (Is. 41:13), no debemos recurrir a Él cuando no tenemos salida sino antes. Recuerda que es preferible orar para prevenir, que para solucionar.

Oremos dando gracias a Dios porque por esas cargas podemos acercarnos a Él para que actúe a nuestro favor, es a través de esas pruebas y cargas que Él manifiesta su poder en nosotras. En nuestras fuerzas y con nuestros propios medios no encontraremos la respuesta correcta.

Con fe

“Ahora bien, la fe es la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve”.

(Heb. 11:1)

Nos es necesaria para ver las promesas de Dios cumplidas en nuestra vida, para poder soltar las cargas y descansar en Él aun cuando no vemos la respuesta a nuestras oraciones. Leí por ahí que la fe no hace las cosas fáciles, las hace posibles.

Su palabra es perfecta

“La ley del Señor es perfecta, que restaura el alma;
el testimonio del Señor es seguro, que hace sabio al sencillo”.

(Sal. 19:7)

Si no creemos o no estamos seguras que la Palabra de Dios es real y perfecta, nos será muy difícil (por no decir imposible) creer Sus promesas y verlas realizadas en nuestra vida. Su Palabra es real y necesitamos leerla, creerla y vivirla pues ella es el libro más importante para nosotros los creyentes porque es la revelación escrita de Dios.

Descansando en su cuidado

“Por eso os digo, no os preocupéis por vuestra vida, qué comeréis o qué beberéis; ni por vuestro cuerpo, qué vestiréis. ¿No es la vida más que el alimento y el cuerpo más que la ropa? Por tanto, no os preocupéis por el día de mañana; porque el día de mañana se cuidará de sí mismo. Bástele a cada día sus propios problemas”.

(Mt. 6:25,34)

Dios tiene cuidado de nosotras, debemos creerlo y vivirlo en verdad porque Él lo hace; todo lo que no está en nuestras manos, dejémoslo en manos de Dios pues todas las cosas ayudan a bien a quienes le amamos (Paráfrasis Rom. 8:28). No se trata de olvidar y dejar todo inconcluso, sino de confiar en que todo lo que hacemos está en manos de nuestro Soberano Dios y Él hará Su voluntad.

Despreocúpate mujer

Confía…

Ora…

Espera…

¡Olvídate de las preocupaciones! Se dice tan sencillo, pero, llevarlo a la práctica es un tanto complicado ¿por qué? Creo que nosotras lo complicamos. Y es que estamos acostumbradas a estar preocupadas por cualquier cosa que, cuando nada nos preocupa estamos inquietas.

La Palabra de Dios nos muestra que no debemos preocuparnos por nada, sino que debemos permanecer en oración todo el tiempo (Fil. 4:6), y la verdad es que cuando estamos más preocupadas, menos nos acordamos de orar, pero sin duda:

Las preocupaciones son un síntoma de nuestra vida sin oración. Tenemos acceso al Padre, busquemos Su rostro.

Tengo un pensamiento desde hace varios años atrás que dice: “oremos para prevenir, no sólo para solucionar.” Cuando tenemos una vida de oración, continuamente le presentamos nuestras cargas y peticiones a Dios, el estar en su presencia es un descanso a nuestra alma, podemos pedir consejo y esperar el tiempo en Él.

Pero cuando nuestra vida gira en torno a otras cosas, a nosotras mismas y perdemos de vista la oración; las aflicciones, las cargas y preocupaciones se irán acumulando al grado de ocupar nuestra mente día y noche. Cuando nos sucede eso, es como si nos cegáramos espiritualmente porque olvidamos clamar a Dios y seguimos confiando en nuestras capacidades y nuestra fuerza.

Así que, confía, mujer. Te recomiendo que escribas una lista de todo aquello que te preocupa, enuméralas por orden de importancia y ora a Dios. Pide Su ayuda para solucionarlo, ora pidiendo Su guía para saber cómo entregarle todas esas cargas y puedas adorarle con libertad. Ora, clama entrégale a Él toda preocupación para que puedas experimentar la paz que viene de Dios.

Y, por último, no dejes pasar un día sin que estés en la presencia de Dios, no acumules cargas, vive un día a la vez, no olvides que estamos en esta tierra de paso a la ciudad celestial.

“Pero buscad primero su reino y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas. Por tanto, no os preocupéis por el día de mañana; porque el día de mañana se cuidará de sí mismo. Bástele a cada día sus propios problemas”

(Mt. 6:33-34)