Orar sin acusar

“La oración es continuar una conversación que Dios ha comenzado a través de Su Palabra y Su gracia, la que con el tiempo se convierte en un pleno encuentro con Él”.

Tim Keller

Tuve una plática con mi esposo un par de semanas atrás acerca de este tema, le comentaba que he escuchado y leído oraciones que denotan cierto grado de rencor, acusación, enojo o crítica contra alguna situación, o contra una persona u organización.

Es un tema que sinceramente me entristece porque, cuando oramos nos estamos dirigiendo a Dios ¡a Dios! Necesitamos estar consientes de que hablamos directamente con el creador del universo, con nuestro Padre Celestial, Majestuoso Dios y que nuestras oraciones son para comunicarnos con Él.

Mi amado me decía que él cree que es porque no todos nos expresamos de la misma manera a Dios, en eso estoy de acuerdo, unos son muy expresivos, otros no tanto, a algunos les gusta hablar de todo y a otros nos gusta ir al grano. 

Sin embargo, ¿te has percatado de que algunas de nuestras oraciones en lugar de ir dirigidas a Dios, la dirigimos en acusación a alguien que está presente? Creo que, aunque todos nos expresamos de diferente manera, nuestra oración debe ser dirigida a Él; aunque hagamos oraciones en público o dirigiendo una reunión, debemos recordar con quién estamos hablando.

Cercano está Jehová a todos los que le invocan,
A todos los que le invocan de veras.

Sal. 145:18

Es muy sencillo hacer oraciones a Dios y de pronto darnos cuenta que no dijimos nada o que divagábamos mientras tanto. La oración es lo más importante en nuestra relación con Dios. Sin oración, no hay comunicación, no hay comunión con Él.

Es como en un matrimonio, el día que dejas de hablar con tu pareja se va apagando la relación, por eso recomiendan que tengamos tiempos a solas en pareja; lo mismo sucede con Dios. Si dejamos de comunicarnos con Él, en breve también dejaremos de pensar en Él, de escucharle, de vivir para Él perderemos esa comunión y nuestra vida espiritual estará entre la vida y la muerte.

Cercano está Jehová a todos los que le invocan, a todos los que le invocan de veras…   Él está cerca de quienes se acercan a Él con la intención de amarle, de darse a Él en oración, hacer Su voluntad y vivir en comunión con Él. ¿Y cómo no hacerlo si nos ha dado vida? Todo cuanto tenemos, somos y hacemos es por Él (Hch. 17:28).

Por eso es que, al escuchar las oraciones con reproches, críticas o juicios me entristece. Porque es como si no hubiéramos aprendido a rendirle la honra y el valor que tiene nuestro amado Dios, es como si utilizáramos la oportunidad de orar a Dios (en público), para acusar a aquellos quienes no tenemos el valor de decirles que hay cosas en ellos que nos molestan o lastiman.

Cuando lo hacemos en privado, creo que es diferente; podemos hablar con Dios y expresarle tal cual nos sentimos, y las emociones que tenemos en cuanto a tal persona, situación u organización. Pero cuando las oraciones las hacemos en público llámese reunión de oración, redes sociales, grupos de oración o donde sea que otros nos escuchen, no es sabio orar exponiendo a nadie.

Para ser más clara, quiero darte un ejemplo de ello.

“Padre, te pido perdones a todos los que están aquí reunidos porque están en adulterio, tú conoces los corazones de todos y cada uno y nada hay oculto, saca a la luz sus pecados y haz que se arrepientan. A ti no te podemos engañar, aunque ellos digan que han cambiado, tú sabes que no es así, siguen siendo igual que siempre y no ha habido cambio en ninguno.”

Parece exagerado, pero hay oraciones así. 

Necesitamos orar a Dios con reverencia, con gratitud, dándole siempre el respeto y el honor que merece por ser Dios.

Y orar primeramente por nosotras, orar como decía el Salmista:

Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce mis pensamientos; y ve si hay en mí camino de perversidad, y guíame en el camino eterno.

Sal. 139:23-24

Ver la condición de nuestro corazón, y pedir ser limpiadas para dejar de ver los errores de otros y acusarlos delante de Dios en oración. Porque cuando hemos reconocido la pecaminosidad de nuestro pecado y el sacrificio que Cristo pagó por ellos en la cruz, dejamos de ver los pecados de otros y nos centramos en la gracia de Cristo, en lo que hemos recibido de Él. Como el pastor Timothy Keller dice en su libro La Oración: “La oración te lleva a la presencia de Dios, donde quedan expuestas nuestras carencias. Entonces, nuestra nueva concienciación de insuficiencia nos impulsa a buscar a Dios incluso más intensamente por perdón y ayuda”.

Cuando reconocemos que hemos sido perdonadas, restauradas y que Dios sigue trabajando en nosotras, nos centraremos en alabar, agradecer y agradar al Dios que nos perdonó y adoptó como hijas.

Ahora, es diferente cuando oramos por las necesidades de las personas, exponemos el caso con amor, con súplica y esperando que Dios actúe a favor de ellos, y eso lo hacemos por amor a Dios primeramente y a cada uno de sus hijos, aunque es recomendable que antes de exponer sus necesidades, les preguntemos a ellos si están de acuerdo en que se ore por ello en público y se pida apoyo en oración por su caso.

Oremos desde dentro de nosotras a Dios diciendo:

Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí. Sean gratos los dichos de mi boca y la meditación de mi corazón delante de ti, Oh Jehová, roca mía, y redentor mío.

Sal. 51:10, 19:14

Hablemos con Dios hoy, busquemos su rostro en oración y si hemos orado con la intención de acusar a alguien, pidamos perdón a Dios y busquemos orar más como nuestro Señor Jesucristo nos enseñó, recordemos a quien nos estamos dirigiendo y demos honra y gloria a Dios por el privilegio que tenemos de poder acercarnos a Él con confianza.

Foto de Priscilla Du Preez en Unsplash