Sí Señor, confío en ti

En diversas ocasiones de manera casi imperceptible, depositamos nuestra confianza en nosotras mismas o en alguien más y no en Dios. Solemos decir “confío en Dios” pero si damos un vistazo detenidamente a nuestro día a día, nos daremos cuenta de que nuestros actos, temores y nuestra forma de vida muestra que no confiamos totalmente en Dios.

Confía en el Señor con todo tu corazón, y no te apoyes en tu propio entendimiento. Reconócele en todos tus caminos, y El enderezará tus sendas. No seas sabio a tus propios ojos, teme al Señor y apártate del mal. Será medicina para tu cuerpo y refrigerio para tus huesos.

(Prov. 3:5-8)

Fíate de Jehová

Nuestro caminar cristiano debe caracterizarse, entre otras cosas, por la seguridad absoluta que tenemos de la soberanía de Dios. “Confía en Dios, deposita en Él toda tu confianza”, parafraseando a Salomón quien también nos dice “de todo tu corazón”, no la mitad, no solo los días domingo, no solo cuando todo está mal o todo está bien, sino, siempre.

Nuestra confianza en Dios debe ser evidente, pero para ello, nosotras debemos estar seguras de quien es Dios, Soberano, Todopoderoso, Eterno. Leer Su Palabra, meditar en ella, en Su verdad y conocer lo que Él ha hecho por, para y a través de nosotras para la Gloria de Su Nombre.

“Bendito es el hombre que confía en el Señor, cuya confianza es el Señor. Será como árbol plantado junto al agua, que extiende sus raíces junto a la corriente; no temerá cuando venga el calor, y sus hojas estarán verdes; en año de sequía no se angustiará ni cesará de dar fruto”.

(Jer. 17:7-8)

¿Cuántas veces confiamos en Dios hasta que vemos que sí funciona? ¿Cuántas veces tenemos preparado un plan B si acaso lo que Dios hace no nos gusta o convence del todo? Confiar en Él totalmente no es sencillo cuando no hemos muerto a nuestro deseo de control, cuando creemos que nosotras tenemos mejores ideas y que estamos seguras de que sabemos qué es lo mejor para nosotras.

Pero, no nos apoyemos en nuestra propia prudencia, en nuestro entendimiento porque nuestro engañoso corazón nos podrá guiar lejos de la voluntad de Dios. Nosotras no somos omniscientes ni todopoderosas, y tampoco somos autosuficientes, eso quedó claro desde el edén. Necesitamos humildad para reconocer que no nos la sabemos de todas todo, y que Dios quien ha creado el universo sí tiene el control de todo, aunque a nuestros ojos parezca mínimo.

“Tened el mismo sentir unos con otros; no seáis altivos en vuestro pensar, sino condescendiendo con los humildes. No seáis sabios en vuestra propia opinión”.

(Rom.12:16)

Necesitamos a Dios todo el tiempo y en todo lo que hagamos porque “Yo te haré saber y te enseñaré el camino en que debes andar; te aconsejaré con mis ojos puestos en ti” (Sal. 32:8). Él dirigirá nuestros pasos en el cumplimiento de Su voluntad. Él nos guiará en toda Su verdad y por ello se nos exhorta a temerle a Jehová y apartarnos del mal; y es que, entre más le conocemos más confiaremos en Él y eso nos llevará a amarlo y reverenciarlo más y más.

Refrigerio a nuestros huesos

Cuando hemos aprendido a depender de Dios y a confiar en Él, en Su cuidado, providencia y soberanía, descansamos. Como hemos dicho anteriormente, es a través de Su Palabra que llegamos a conocerle, es Su Palabra la que nos muestra el corazón de Dios y podemos dejar de actuar en nuestras propias fuerzas de esa necesidad de controlar todo, pensando que sabemos lo que es mejor para nosotras cuando en realidad no es así.

Esa confianza que depositamos en Dios de todo nuestro corazón nos llena de paz, quita toda incertidumbre, preocupaciones y miedos porque Dios cuida de nosotras y porque día a día nos va perfeccionando. Es Él quien está sentado en el trono, no nosotras. es Él quien gobierna. Es Él quien conoce nuestro final y la travesía que viviremos hasta llegar a la meta.

Descansemos en Él, confiemos en que Su voluntad siempre es buena, agradable y perfecta, estemos siempre dispuestas a obedecerle y hacer Su voluntad. Dios nos ayude.