¿Vamos por un café?

El hombre que tiene amigos ha de mostrarse amigo;
Y amigo hay más unido que un hermano.

Prov. 18:24

Una de las cosas por las cuales agradezco a Dios es por mis amigos y amigas.

Desde que recuerdo siempre he estado rodeada de personas que me han enseñado muchísimas cosas. Creo tanto que cada persona que llega a nuestra vida es para al final dejarnos algo bueno, aunque de inicio no lo parezca, y es que tal vez estés de acuerdo conmigo de que a veces uno se lleva tantas descoloridas, descalabradas y las cosas terminan mal.

Pero al final, si lo vemos desde otra perspectiva y concienzudamente nos daremos cuenta lo bien que nos ha hecho porque quizá maduramos un poquito más y nuestro orgullo (aunque pisoteado al principio, digo, el orgullo Adámico), nos ha ido formando un poquitín más hacia donde nuestro Dios nos quiere llevar.

A lo largo de nuestra vida en esta tierra conoceremos cientos de personas, con algunas conviviremos más que con otras y con tan solo un puñado de ellas tendremos comunión y nos conoceremos más profundo. Amigos que quizá podamos contar con los dedos de una mano, o bueno, quizá con las dos.

Es probable que aún tengas comunicación con tus amigos de la primaria, o de la universidad, quizás tengas amigos que recién comienzas a intimar y te son de bendición. Y también puede ser que hayas perdido contacto con la gran mayoría de personas que conociste años atrás y no has podido comunicarte nuevamente con ellos. Eso me pasa a mí también.

Amistad a través del tiempo

Una de mis mejores amigas se llama Tania, nos conocimos hace 27 años mientras cursábamos la preparatoria, siempre fuimos muy unidas; Dios sabe de la hermosa amistad y hermandad que creció entre las dos. Ahora por providencia de Dios vivimos en estados diferentes y pasamos años sin vernos.

En una de esas veces que hablábamos por teléfono recordábamos anécdotas de adolescentes, canciones que cantábamos, cartas que nos escribimos y demás, caímos en cuenta de que la amistad verdadera perdura a través de los años, a través de los malentendidos, casadas, con hijos, a pesar de la distancia y la amistad en verdad sigue siendo como siempre, transparente, leal, sincera.

El próximo 5 de septiembre cumplirá un año que murió otro gran amigo. Mauricio, un ser humano maravilloso que también conocimos hace 27 años. Cuando Tania y yo hablamos y platicamos acerca de él y de la tristeza que nos daba su partida, reflexionábamos que muchas veces perdemos el tiempo en otras cosas quizá sin importancia y no en seguir cultivando nuestras amistades, las relaciones que Dios ha permitido que tengamos con su pueblo, con su creación.

Si eso nos sucede no creo que sea porque no queramos estar cerca de nuestros amigos, quizá a veces es solo por descuido o por extrema confianza; es decir, sabemos que somos amigos y que siempre estaremos el uno para el otro, sabemos que, si le enviamos un WhatsApp, un mensaje por Facebook o una llamada a su celular en el momento que sea, ellos estarán ahí y nosotros aquí para ellos.

Pero dejamos pasar el tiempo… olvidamos que la vida es muy breve, una neblina…

Hemos creído tanto el dicho que dicta que las amistades no necesitan hablar diario para saber que estamos ahí con ellos, y aunque eso es cierto (como mencioné antes), también es cierto que dejamos pasar días, meses, años sin hablarnos…

Pierde el miedo

Entiendo perfecto que solo unos cuantos están dentro de ese círculo de amigos que viven en comunicación y comunión constante, pero ¿por qué no ampliar ese círculo? Siempre cabemos más, siempre seremos mejores viviendo en comunidad, siempre será hermoso encontrarte y disfrutar de esas amistades con las que podamos conversar, nutrirnos y caminar juntos en esta tierra.

No dejemos que las relaciones tan bellas que Dios ha unido a lo largo de nuestra vida desaparezcan. Creo que hoy es un buen día para llamar a esa persona, esa amiga o amigo que hace tiempo no sabemos de su vida. Es un buen día para limar asperezas también y buscar la reconciliación con alguien más.

Es un buen día para recordarle a tus amigos que estás agradecida por su vida, por lo que aportan a la tuya. Es un buen día para decidir ser esa amiga que nutre, edifica, ama, conforta, consuela y exhorta por amor a ellos, por gratitud a su amistad y simplemente porque somos una comunidad.

No esperemos hasta estar en un funeral para decirle todo aquello que nunca, jamás, debimos callar.

Gracias a Dios por cada amigo, cercano, lejano, virtual, cada persona que nos ha permitido encontrar en este camino. Anda… hazme caso y llama, pierde el miedo, invita ese café que han pospuesto por mucho tiempo, no pierdas tiempo, quizá ambos necesiten hablar por largas horas y enriquecerse uno al otro.

En Su Gracia

Foto de Nathan Dumlao en Unsplash