¿Qué es la calumnia?

No había estudiado la calumnia antes, es un tema tan común y creo que muy ignorado por muchos. La calumnia destruye relaciones, es muy peligrosa.

Conforme voy estudiando y conociendo más acerca de este pecado, me doy cuenta de la gran necesidad que tenemos de Nuestro Dios, de todos los días estar en Su presencia y también de la necesidad que tenemos de un espíritu humilde y enseñable para poder todos los días recibir instrucción y aplicar las verdades aprendidas en Su Palabra.

“¿Quién puede discernir sus propios errores? Absuélveme de los que me son ocultos. Guarda también a tu siervo de pecados de soberbia; que no se enseñoreen de mí. Entonces seré íntegro, y seré absuelto de gran transgresión. Sean gratas las palabras de mi boca y la meditación de mi corazón delante de ti, oh Señor, roca mía y redentor mío”.

Sal. 19:12-14

¿Qué es la calumnia?

La palabra para calumniadoras es la misma palabra utilizada para “diablos” es la palabra griega “diábolos”. ¿Te das cuenta? Cuando tú y yo, una anciana o cualquier persona calumnia o hace chisme, realmente estamos haciendo el trabajo del diablo.

La Palabra “diábolos” aparece 38 veces en el Nuevo Testamento. 34 de esas veces es un nombre para satanás, se refiere a él directamente; él es el calumniador, el padre de la mentira, así de grave y terrible es cuando nosotras calumniamos pues hacemos su trabajo.

CALUMNIA: La RAE la define como “Acusación falsa, hecha maliciosamente para causar daño”. Otra definición agrega: “Acusación para dañar el nombre o reputación de una persona”.

El ejemplo más claro para hablar de cómo el diablo trabaja con la calumnia en contra de los hijos de Dios, es con Job.

Hubo un hombre en la tierra de Uz llamado Job; y era aquel hombre intachable, recto, temeroso de Dios y apartado del mal”.

Job. 1:1

Tenía una conducta intachable, era recto y no había algo que pudiera decirse contra él. Pero el diablo que es quien acusa a los santos (Ap. 12:10) sí lo hizo.

Y el Señor dijo a Satanás: ¿Te has fijado en mi siervo Job? Porque no hay ninguno como él sobre la tierra, hombre intachable y recto, temeroso de Dios y apartado del mal.Respondió Satanás al Señor: ¿Acaso teme Job a Dios de balde?

Job 1:8-9

Satanás calumnió, es decir, acusó con alevosía y maldad a Job para causarle daño directamente. Acusó a Job de serle fiel a Dios y ser irreprensible sólo porque tenía todo de parte de Dios; incluso menciona que si Dios le quitaba todo cuanto tenía, Job blasfemaría (Job. 1:11).

Él es el calumniador por excelencia, él se presenta en tu vida y en la mía para calumniarnos delante del trono de Dios. Y no sólo eso, también calumnia a Dios con nosotros, su creación, creyentes o no creyentes.

Dios es calumniado por Satanás, Jesucristo fue calumniado y aún lo sigue siendo, tan sólo necesitamos mirar los comentarios que se dicen de Él en el mundo. O Tal vez has tenido pensamientos así aun siendo cristiana o alguien te ha mencionado algo como:

  • Si tu Dios es tan bueno, ¿por qué permite la maldad?
  • ¿Por qué Dios permite tantas catástrofes en el mundo?
  • ¿Dónde estaba Dios cuando lo necesitabas tú o cualquier persona que ha sido lastimada?
  • ¿Por qué si amas tanto a Dios te va tan mal, estás enferma o eres pobre?
  • ¿Realmente crees que la Biblia contiene verdades absolutas?
  • Tu Dios es un machista insensible.
  • No necesitas a Dios, eres una mujer inteligente, independiente y capaz.
  • Tus problemas no son importantes para Dios, quizá esté ocupado en medio oriente, no en ti.
  • Si Dios se preocupa por sus hijos, ¿por qué tantos se van al infierno?

La calumnia hace acusaciones falsas para que dudemos de Dios, de Su amor, para que dudemos de Su Palabra y al final creamos que es un dios malo o que no tiene cuidado de nosotras.

La calumnia destruye nuestra relación con Dios

Platicaba con unas amigas del grupo de estudio acerca de este tema y lo grave que es, y nos dolió mucho darnos cuenta de que hemos actuado así más de una vez, muchas veces, a decir verdad. Algunas de ellas seguramente sin buscar el daño directo de la persona, sino que más bien ha llegado a ser un pecado “común” entre las mujeres, incluso hay bromas acerca de lo chismosas que somos las mujeres.

Es un pecado más común entre mujeres, es un pecado que nosotras no podemos seguir cometiendo ni consintiendo. No seamos parte de la calumnia, ni diciéndola, ni prestando oído para que alguien sea calumniado.

¿Y sabes qué? No quiero que mis hijos vean a una persona calumniadora y piensen que es normal porque su mamá es así, y mucho menos quiero que ellos calumnien a otros por ser el ejemplo que de mí han recibido.

Pablo le escribe a Tito: “pero en cuanto a ti, enseña lo que está de acuerdo a la sana doctrina… Las ancianas deben ser reverentes en su conducta: No calumniadoras…” (Tito 2:1, 3a).

Y es que cuando vivimos la sana doctrina que se nos ha enseñado, como mujeres ancianas o jóvenes, daremos muestra de que la estamos viviendo, se verán esos frutos en nuestra vida. Otros nos verán y sabrán que en nosotras habita Jesucristo porque la sana doctrina se evidencia en la forma en cómo vivimos, cómo nos comportamos, cómo hablamos, cómo somos.

Sabiendo que la calumnia es de naturaleza diabólica, pidamos a Dios que nos ayude a enfrentar cada día con firmeza y convicción el no hablar mal de alguien, ya sea con otras personas o de manera indirecta a través de las redes sociales lo cual es muy común hoy en día, estemos listas para no dar falso testimonio de nadie y para no querer perjudicar a ninguna persona.

Tomemos tiempo para reflexionar en cuanto a las veces que hemos calumniado a otros y pongámonos a cuentas con Dios, pidamos perdón por haber actuado así, y de igual forma perdonemos a todos aquellos que nos han calumniado.

No tenemos excusa para calumniar o hablar mal de nadie, cuidemos la espalda de otros como deseemos que la nuestra sea guardada; que en la mujer cristiana sea falso el dicho de que nos despedazamos entre nosotras, y tratemos de hacer lo posible para vivir en paz con los demás (Rom. 12:18).

La calumnia es un tema muy interesante, un pecado que tiene que ver con la mentira, el chisme, el falso testimonio, todos ellos son pecados de la lengua. Sea Dios ayudándonos cada día a cumplir con lo aprendido en Su Palabra y que no seamos sólo oidoras de ella sino hacedoras.