Gracia Sobre Gracia

Es domingo por la tarde y me encuentro en la mesa de mi pequeño comedor viendo hacia afuera, al parque donde mis hijos juegan a super héroes con nuestros vecinitos. Mi amado Sr. F. se encuentra conmigo degustando una taza de café, que, por cierto, debo decir que es un experto preparándolo.

Acostumbro a escribir en un cuadernito y en breves post en mi estado de Facebook de manera “privada” con el hashtag «Mis memorias» o «Para No Olvidar», porque desde hace años me propuse escribir todo aquello que me gustaría recordar cuando llegue a la vejez, si Dios lo permite y no viene Jesucristo antes.

Y es que no sé si te pase a ti también, pero hay momentos todos los días que nos gustaría detenernos un poco más para seguir disfrutando. Momentos en los que nuestro corazón se hincha de alegría y gratitud, momentos en los que las lágrimas rara vez se detienen para no salir a borbotones y manifestar de manera tangible la gracia que de Dios hemos recibido.

Y mira, también hay esos momentos dolorosos en los que tenemos la misma reacción que con los de alegría porque con el paso del tiempo y conociendo más a nuestro gran Dios, entendemos que todo lo que sucede en nuestra vida es para nuestro bien, para parecernos más a Cristo Jesús cada día (Rom. 8:28), para ir siendo perfeccionadas y gustar de lo bello que es Dios al cuidar de nosotras y “limar” nuestras asperezas.

Cuánto nos ama que nos eligió para ser sus hijas estando en una condición terrible, nos salvó y cada día nos va limpiando, quitando todas esas imperfecciones lentamente y muchas veces de manera dolorosa para al final, cuando termine ese proceso estemos perfectas para Él.

Y mientras ese proceso está siendo realizado por Él, es muy probable que lloremos, pero conociendo el final y viendo por encima del sol, cada lágrima derramada, cada cincelada en nosotras nos llevará a dar gracias porque conocemos el final.

Estamos en la antesala a la eternidad, aquí vemos una mínima parte de la gloria que nos espera, podemos degustar de la gracia inmerecida que de Dios recibimos, porque Dios es así.

No estamos en esta tierra para ser felices, sino para anhelar la vida venidera a Su lado, pero, en muchas ocasiones Dios nos deja disfrutar de los regalos que tiene para sus hijos y creo que es bueno que podamos compartirlos con otros más como una manera de dar gracias al gran Dios que tenemos por Padre.

Este año salió publicado “Hogar Bajo Su Gracia”, y eso es lo que hemos recibido en abundancia, Su Gracia. No solo en nuestro hogar, sino como individuos, cada uno de los integrantes de esta familia hemos experimentado la gracia de Dios. Cuando comenzó el año sabía ya la fecha de publicación del libro, pero no tenía idea de lo que vendría después.

Ahora entiendo que Dios en Su bondad realmente me estaba guardando de esas luces estruendosas que aparecen de repente y nos nublan la vista y dejamos de verlo a Él al voltear a ver nuestro entorno, y sin duda, a nosotras mismas. Luces que nos ciegan de la realidad de que todo lo hemos recibido por Gracia.

“Luces estruendosas que aparecen de repente y nos nublan la vista y dejamos de verlo a Él”

Lloré muchas veces porque no tenía idea de lo que estaba viviendo, sin embargo, Dios ha sido fiel y sabemos bien que no nos deja solas en ningún momento. Esa sensación de seguridad al saber que, aunque estemos solas caminando, Él está ahí, presente y delante nuestro.

Así que seguí caminando con esa seguridad de que nada malo pasaría si Él estaba conmigo, esa misma seguridad que tenía siendo niña al dormirme en la sala de casa de mis padres, sabiendo que al día siguiente despertaría en mi cama, sana, salva y arropada con la chamarra de mi papá. Así mismo.

Más de una vez le pedía a Dios que guardara mi corazón. A mi amado esposo que no dejara de orar por mí, que me recordara cada día la razón del por qué hacemos lo que hacemos.

Y un día me llegó una invitación a ser parte de un panel con las autoras de LifeWay Mujeres en el congreso anual de LifeWay México. Recuerdo que le dije a Eva Uría la directora de LifeWay México, ¿¡Es en serio?! No me lo podía creer.

Y es que, quizá olvidamos por un momento que no es por nuestras capacidades, por lo que hagamos o por nuestra elocuencia al hablar, sino porque Dios así lo planea, lo dispone y lo hace. Gracia sobre gracia…

Conforme pasaban los días, las semanas, los meses, esa sensación de vacío en el estómago como cuando bajas en la montaña rusa se hacía presente.

No me lo podía creer, no me explicaba cómo yo estaría ahí entre gente tan amada, respetada, ¿cómo por qué estaría ahí? Y mi amado Sr. F. me recordó, es Su Gracia…

Y uno aprende a amar y agradecer más a Dios cuando sabe y reconoce que es porque Él lo quiso así, uno sabe que el pedestal le pertenece a Él, las luces son hacia Él, el camino trazado es para llegar a Él, nosotros somos simples instrumentos en sus manos, vasos de barro, limpios y listos para usarse por Él y como Él desee…

Gracia sobre gracia, porque nada hemos recibido que no venga de Él, porque nada hemos hecho que no sea planeado por Él, porque todo lo que somos y hacemos es para glorificarle solo a Él…

“No a nosotros, Señor, no a nosotros,
sino a tu nombre da gloria,
por tu misericordia, por tu fidelidad”.

Salmo 115:1

Pronto te platicaré un poco más de lo que aprendí, de lo que Dios me permitió vivir, ver y degustar porque es tan hermoso que no quiero quedármelo solo para mí. Nos leemos pronto.

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